¿Sigue siendo un lenguaje válido para el cristiano del siglo XXI?
¿Cómo ir más allá de ciertas imágenes y formulaciones que remiten a teologías de épocas pasadas?
Un corazón ofrecido, entregado, disponible por
completo al Padre.
Tal vez la disposición más característica del Corazón de Jesús es su actitud de amorosa ofrenda al Padre. Está del todo disponible para cumplir la voluntad del Padre, está ofrecido en oblación de amor para salvación de toda la humanidad. Su actitud fundamental es de generosa entrega, de auto donación, en amor a su Padre y a sus hermanos. No hay en él asomo de mezquindad, de egoísmo, de estar centrado en si mismo. Es el hombre para los demás, al servicio de la misión que el Padre le encomienda. Un corazón que muere a su propio querer, un corazón anonadado, humilde, obediente, a la vez que valiente y amante.
Un corazón humano que ama como nadie ha amado
Los
pobres, los pecadores, los enfermos, los niños, los marginados, todos
encontraron refugio y consuelo en el cariño y la bondad de Jesús que “pasó
haciendo el bien” (Hch 10,38). Fue el
rostro amable de Dios para los abatidos y los desesperanzados, que recibieron
acogida, comprensión, aliento. Del amor
abundante de ese Corazón los humildes recibieron dignidad y vida nueva.
El Corazón misericordioso de Jesús siente especial predilección y compasión por aquellos que la sociedad olvida y desprecia, los humildes y pequeños. Como el corazón de una mamá, Dios desea dar más cuidado a los más desvalidos.
Aliviamos y “reparamos” su corazón afligido cuando socorremos al hermano pobre y desamparado, cuando atendemos al necesitado, cuando hacemos justicia.
Ser un devoto del Sagrado Corazón de Jesús es muy fácil, ya que como dice san Juan Pablo II "Junto al Corazón de Cristo, el corazón humano aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y su destino"






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