domingo, 30 de mayo de 2021

¿Cómo entender hoy la "devoción al Sagrado Corazón de Jesús"?

 

¿Sigue siendo un lenguaje válido para el cristiano del siglo XXI?  

¿Qué hay de forma y qué hay de fondo? 

¿Cómo ir más allá de ciertas imágenes y formulaciones que remiten a teologías de épocas pasadas?

Un corazón ofrecido, entregado, disponible por completo al Padre.

Tal vez la disposición más característica del Corazón de Jesús es su actitud de amorosa ofrenda al Padre.  Está del todo disponible para cumplir la voluntad del Padre, está ofrecido en oblación de amor para salvación de toda la humanidad. Su actitud fundamental es de generosa entrega, de auto donación, en amor a su Padre y a sus hermanos.  No hay en él asomo de mezquindad, de egoísmo, de estar centrado en si mismo.  Es el hombre para los demás, al servicio de la misión que el Padre le encomienda.  Un corazón que muere a su propio querer, un corazón anonadado, humilde, obediente, a la vez que valiente y amante. 



Un corazón humano que ama como nadie ha amado

Los pobres, los pecadores, los enfermos, los niños, los marginados, todos encontraron refugio y consuelo en el cariño y la bondad de Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10,38). Fue el rostro amable de Dios para los abatidos y los desesperanzados, que recibieron acogida, comprensión, aliento. Del amor abundante de ese Corazón los humildes recibieron dignidad y vida nueva.  


Un corazón humano que quiere ser amado

La piedad clásica del Sagrado Corazón de Jesús invita a una oración de reparación ante los ultrajes que sufre un Corazón que tanto ha amado a la humanidad y que no recibe más que desprecios e indiferencia, un Corazón triste por la ingratitud del mundo.  
Pero, no sería fiel a la realidad del Corazón de Jesús quedarnos sólo con su tristeza por el amor rechazado.  ¡El es ante todo un Corazón feliz!  Feliz con sus hijos e hijas, feliz de que estemos con él, feliz cuando ve nuestras luchas honestas por ser más fieles y mejores apóstoles. Feliz con la sonrisa de los niños y el amor de una mamá. Está contento cuando a los pobres (muchas veces nosotros mismos) se les anuncian Buenas Nuevas. El se goza con nosotros y le gusta querernos, nos alienta en los esfuerzos pastorales y se alegra con nuestros logros (que en realidad son de él). 



Un corazón que siente el dolor de los pobres y desea reparación 

El Corazón misericordioso de Jesús siente especial predilección y compasión por aquellos que la sociedad olvida y desprecia, los humildes y pequeños.  Como el corazón de una mamá, Dios desea dar más cuidado a los más desvalidos. 

Aliviamos y “reparamos” su corazón afligido cuando socorremos al hermano pobre y desamparado, cuando atendemos al necesitado, cuando hacemos justicia.


Ser un devoto del Sagrado Corazón de Jesús es muy fácil, ya que como dice san Juan Pablo II "Junto al Corazón de Cristo, el corazón humano aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y su destino"

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